Para Priscila, Jesús y quienes fuimos testigos del encuentro, la ocasión fue un regalo de la vida que desbordó nuestros sentimientos.
La muerte inesperada de su madre cambió el destino de ambos. La diferencia de sus sexos los separó más aun, Jesús fue acogido en el Hogar Faro de los Niños de Cristo, mientras Priscila pasó a vivir en el en el Hogar Sagrado Corazón de Jesús.
La tarde en que la Fundación Orange invitó a varios de los hogares que auspicia a presenciar una obra de teatro infantil se tornó mágica cuando Priscila reconoció a su hermanito y pidió llorando que la llevarán a su lado. A partir de ese instante, la alegría del ambiente se multiplicó, hubo risas, abrazos y muestras de un amor que la distancia nunca pudo vencer.
Las directoras de los orfanatos donde Priscila y Jesús viven no conocían los detalles que habían sembrado el alejamiento entre aquellos niños, y a partir de ese momento acordaron reunirlos regularmente para que su vínculo se fortalezca.
Priscila y Jesús, gracias a una coincidencia casi milagrosa, no se perderán en el camino que los une.
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